jueves, 13 de agosto de 2009

La Elegancia



A veces me sorprendo con los hombros curvados y, siempre que estoy así, tengo la certeza de que algo no va bien. En ese momento, antes incluso de buscar la razón de lo que me incomoda, procuro cambiar de postura: volverla mas elegante. Al colocarme de nuevo en posición erecta, me doy cuenta de que ese simple gesto me ha ayudado a tener más confianza en lo que estoy haciendo. Se suele confundir la elegancia con la superficialidad, la moda, la falta de profundidad. Se trata de un grave error: el ser humano debe tener elegancia en sus acciones y en su postura, porque esa palabra es sinónima de buen gusto, amabilidad, equilibrio y armonía.

Es necesario tener serenidad y elegancia para dar los pasos más importantes en la vida. Claro, no vamos a acabar delirando, preocupados todo el tiempo con la forma como movemos las manos, nos sentamos, sonreímos, miramos en derredor, pero es bueno saber que nuestro cuerpo habla un lenguaje y la otra persona – aun inconscientemente - está entendiendo lo que decimos, más allá de las palabras.

La serenidad procede del corazón. Pese a sentirse muchas veces torturado por ideas de inseguridad, este sabe que, mediante la postura correcta, puede volver a equilibrarse. La elegancia física, a la que me refiero en estas líneas, procede del cuerpo y no es algo superficial, sino el medio que ha encontrado el hombre para honrar la manera como pone los pies sobre la tierra. Por eso, cuando a veces sientas que la postura te incomoda, no pienses que es falsa o artificial: es verdadera, porque es difícil. Hace que el camino se sienta honrado por la dignidad del peregrino.

La nieve es bonita porque solo tiene un color, el mar es más bonito porque parece una superficie plana… pero tanto el mar como la nieve son profundos y conocen sus cualidades.



Camina con firmeza y alegría, sin miedo a tropezar. Todos los movimientos van acompañados por tus aliados, que te ayudan en lo que sea necesario, pero no olvides que el adversario también está observando y conoce la diferencia entre la mano firme y la mano trémula: por lo tanto, si estas tenso, respira hondo, piensa en que estas tranquilo… y por uno de esos milagros que no sabemos explicar, enseguida se instala la serenidad.

En el momento en el que adoptes una decisión y la pongas en marcha, procura repasar mentalmente todas las etapas que necesitaste para preparar tu paso, pero hazlo sin tensión, porque es imposible tener todas las reglas en la cabeza y con el espíritu libre; a medida que revises cada una de las etapas, iras dándote cuenta de los momentos más difíciles y de cómo los superaste. Eso se reflejara en tu cuerpo, con que, ¡presta atención!

Cambia de postura, relaja la cabeza, estira la columna, afronta el mundo con el pecho abierto; al pensar en tu cuerpo, también estas pensando en tu alma y una cosa ayudara a la otra.



Paulo Coelho / Como el rio que fluye/ Fragmentos "Sobre la elegancia"

Nohemi Ramírez

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